Alfonso Novo

ESCRITO POR EVA VILLAMAR

Esta mañana Alfonso me contaba que tenía que escribir un texto sobre él mismo. Cualquier profesional que tiene una página web, sabe el tipo de texto del que hablo, para cubrir ese espacio “sobre mi”, tan incómodo de escribir, porque no quieres dejar de contar, no quieres dejar de transmitir la pasión que mueve tu vida, pero no quieres pasarte. Se parece a una entrevista de trabajo en la que te piden enumerar tus virtudes, y se te hace pequeña la garganta mientras piensas “ya salió la preguntita”. Así que no va a ser Alfonso quién hable sobre él, voy a hacerlo yo, por muchas razones: porque lo conozco (parece mentira Alfonso lo rápido que pasa el tiempo, pero ya hace unos añitos que nos conocemos); porque lo he visto trabajar, compartiendo espacio con él, porque conozco al equipo que lo acompaña y, sobre todo, porque lo admiro. Además él no tendría paciencia para sentarse a escribir este texto, la paciencia la guarda para su gran amor (que no se me enfade su hermosa esposa), pero su gran pasión es la Fotografía, y ahí sí, ahí gasta todas las horas que la vida le da y toda la paciencia que su mente inquieta parece no tener. Pero la tiene. Persigue la belleza olisqueando entre los rincones, entre luces y sombras, ángulos imposibles, hasta que da con ella. Y lo sabes porque se queda quieto, como un felino que ha localizado su presa: el gesto perfecto, la mirada buscada, ahí está. He visto fotografías que fueron tomadas estando yo maquillando a la Novia, y a día de hoy no consigo comprender de qué forma fue obtenida esa imagen. No cabe duda de que la Fotografía es un arte, requiere de un tipo de sensibilidad especial y Alfonso la tiene.

Su pasión nace de ver a su padre aprovechando los minutos libres para disparar su cámara analógica, entre bosques o entre gestos. Desde joven, Alfonso quiso su propia cámara, quiso conocer el mundo a través de un objetivo, porque el mundo se ve distinto. Esa belleza que cada rostro guarda, que cada rincón esconde, muchas veces pasa desapercibida a la vista, porque la vida nos hace ir deprisa, nos despista, nos desenfoca. El objetivo obliga a centrar la atención, a fijar un punto, a cuidar los detalles. Y ahí está, esa belleza que Alfonso persigue y encuentra, porque la encuentra. Da igual el tipo de fotografía, siempre será bella, elegante, delicada sin abandonar un toque pícaro, un guiño a la sensualidad que seduce con tacto y sin excesos. Es curioso, porque cuando hablas con él un rato, todos esos aspectos están en él. Es afectuoso, es caballero, inquieto pero certero, elegante incluso en camiseta, de mirada curiosa y serena al mismo tiempo, un tanto impaciente, he de decirlo, pero simplemente es porque su cabeza va más rápido que él. Supongo que llega un momento en la vida en el que sabes quién eres y dónde estás. Padre de tres hijos varones, esposo feliz, y amigo de sus amigos. Dedicando sus horas de trabajo a lo que sería pasión, pasara lo que pasara. Si, sin lugar a dudas está dónde tiene que estar, lo sabe e, inevitablemente, lo transmite.

Así que colocarse detrás de su objetivo será siempre una buena idea. Como Fotógrafo de Bodas es impecable y perfeccionista, al mismo tiempo que sabe crear el clima de calidez y, ¿por qué no decirlo así?, buen rollo, que necesita reinar en una Boda, en momentos tan especiales como los Preparativos de la Novia. A mí ellas me cuentan, con una amplia sonrisa, “viene Alfonso”, porque ya han estado con él en la Preboda, ya saben cómo trabaja, ya saben que estarán cómodas, sea cual sea la situación, y saben que se sentirán las mujeres más especiales bajo la mirada de su cámara. Pero su búsqueda de belleza no se queda en la mera imagen, va más allá. Sus Fotografías de Boda tienen alma y corazón, cada una de ellas cuenta una historia, esconde un motivo. Es posible que solo los Novios lo vean y lo entiendan, pero ese es su gran regalo. Que pasen los años y esa pareja de jóvenes recuerden el día de su Boda volviendo a sus Fotografías, porque más allá de lo hermoso de la imagen, regresen a su memoria la sonrisa de la abuela, aquel amigo tan formal que terminó con la corbata en la cabeza, el motivo de aquellas flores, la razón de unos pendientes, eran de ella, que no estaba, el amigo que sigue siendo amigo, las sonrisas y las lágrimas, el tropiezo del niño de arras, ahora en la universidad… Alfonso sabe tejer con hilos de luz y contraste el comienzo de una vida que se presume rica en emociones, como todas las vidas, solo hay que saber fijarse y él sabe hacerlo, vaya si sabe. Guardo en mi galería particular algunas Fotografías de Bodas en común que no me canso de mirar, porque yo conocí a esa Novia, a esos Novios, y él supo ver más allá. Ya os lo dije al principio, lo admiro mucho.

Admiro la elegancia con la que enfoca cualquier situación y cualquier tipo de trabajo. Sus Fotografías de Boudoir son prueba de ello. Una idea es la culpable, una idea simple y real, belleza y sensualidad van de la mano en todo momento. Desde encontrar un tirante caído en el camisón de la Novia mientras es maquillada, hasta descubrir las curvas de una espalda con la caída del sol sobre ella. Quizá por eso su Fotografía es siempre bella, Fotografía de Bodas, Fotografía de Retrato, fotografiar la vida. Más aún, documentar la vida, aquí o en dónde esté, porque hablamos de un alma viajera, que disfruta capturando culturas recién descubiertas, miradas de colores diferentes, atardeceres que saben a mar y a arena, a montaña, a historia. Y ese querer documentar lo traslada a todo lo que hace. Por eso sus Reportajes de Boda son más que eso, son Documentos de un instante imperecedero, pase lo que pase, él sabe que cada momento es único y no se repetirá. Lo sabe y lo siente porque es un hombre vital que se entrega al momento y eso se nota.

Sin pretensiones, sin ostentaciones banales, con experiencia y formación a sus espaldas, sencillamente destapa el objetivo para comenzar a disfrutar, olvidando que este mundo a veces se tuerce, eso no importa, no en el momento en el que la cámara manda. Tengo claro que un Fotógrafo Profesional es aquel que habla de sí mismo con la boca pequeña, que casi no sabe ni qué decir. La razón es sencilla, su trabajo no son las palabras, son las imágenes, es la misma vida que pasa delante de sus ojos, mientras algo comienza a moverse en sus tripas, algo que obliga al gesto de sacar la cámara y atrapar ese momento para no perderlo, para no olvidar, en resumen, para vivir.

Eva Villamar